Reflexiones.


En un día como hoy, en el que se conmemora el 23 aniversario del fallecimiento de la Dra. Travell, voy a intentar aprovechar esta especie de distopía que nos está tocando vivir, para dejar aquí algunas reflexiones sobre el síndrome de dolor miofascial y sobre los puntos gatillo miofasciales, que me rondan la cabeza desde hace mucho tiempo…

 

Hemos avanzado mucho desde que los pioneros (Lange, Kellgren, Steindler, Travell, Simons, etc.) empezaran a vislumbrar algunas de las piezas de este rompecabezas. Parece que algunas van encajando, muchas todavía no. Pero pese a los avances, yo sigo sintiendo que no usamos la terminología correcta (punto gatillo no debería ser el término usado para describir lo que diferentes evidencias caracterizan como una neuromiopatía).

 

Pese a todos los adelantos, nuestras más sofisticadas técnicas de punción seca con guías electromiográfica o ecográfica no evitan que a veces me sienta como un mono con una metralleta. Las discusiones con diferentes profesionales sobre competencias en este concepto transversal también sacan lo peor de nosotros y perjudican a la salud pública.

 

¿A dónde vamos desde aquí?

 

Imagino un futuro en el que las agujas no sean necesarias para eliminar un…, vale, sigamos llamándolo punto gatillo, mientras no exista un consenso generalizado sobre una denominación más científica y menos exótica. Imagino un futuro en el que pruebas genéticas puedan caracterizar a aquellas personas con placas motoras y músculos más propensos al desarrollo de puntos gatillo, con la intención de que desde la infancia sean instruidos para evitar su desarrollo y de crear tratamientos que puedan prevenir su aparición y así contribuir a la eliminación de esta plaga de dolor miofascial crónico. Imagino el progreso en las estrategias de prevención y también, claro está, en el de las técnicas terapéuticas para aquellos inevitables síndromes de dolor miofascial causados por mecanismos directos.

 

Mientras todo esto llega, imagino un futuro más inmediato en el que entre todos establezcamos unos criterios comunes sobre diferentes aspectos tanto diagnósticos como terapéuticos, por ejemplo, en lo relativo a la punción seca, sobre los peligros, las complicaciones y su prevención y manejo y, consecuentemente, sobre cuestiones como la asepsia y la desinfección, sobre las diferentes modalidades de punción seca, sobre los mejores y más seguros abordajes de los diferentes músculos, sobre los protocolos de aplicación de las técnicas y sobre los regímenes de tratamiento de las diferentes modalidades terapéuticas.

 

Un futuro en el que se establezcan consensos tanto para la formación como para la investigación en este campo. Unos estándares mundiales o, al menos de momento nacionales, sobre las curvas de aprendizaje y sobre los mínimos que debe incorporar toda formación en punción seca, que incluya el diagnóstico, no sólo de los puntos gatillo, sino también, y sobre todo, del síndrome de dolor miofascial, aspectos muy diferentes y, en mi opinión, totalmente decisivos para el resultado. Y donde se incluyan también todos los avances establecidos en la clínica y en la investigación.

 

Un futuro en el que también se instauren criterios comunes para la formación continuada en un terreno tan joven como este, en el que nuestros conocimientos avanzan de manera rápida y resulta fácil quedarse desactualizado.

 

Por supuesto, para esto es necesaria la colaboración, no sólo de las diferentes entidades formativas en este campo, sino también de los investigadores, de los colectivos profesionales y de las autoridades sanitarias y educativas…

 

Estamos muy lejos de todo ello y se me antojan objetivos muy complicados, aparte de que la situación actual no ayuda, ya que todo lo que afecta a la calidad de vida, como es el tratamiento del dolor, queda en un segundo plano cuando hay otros elementos que afectan de manera tan agresiva a la cantidad de vida.

 

No obstante, si nos abstraemos un poco de las circunstancias que nos rodean, creo que la situación actual sí que podría propiciar la reflexión sobre todos estos aspectos y quizá, cuando todo se normalice, podamos avanzar en estos, hoy por hoy, solo buenos deseos.

 

Orlando Mayoral.

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